Almansa una ciudad que debería haberse mostrado en el último decenio del siglo pasado como una localidad famosa por su calzado no lo logró debido a la invasión por así decirlo de curanderos y espiritistas siendo preocupación para el alcalde de aquel entonces. Para los que no lleguen a ubicarse geográficamente en Almansa, esta ciudad se encuentra en la provincia de Albacete en España.
El hecho que marcó a Almansa en 1990, no fue el boom del calzado, sino más bien el horrendo asesinato de una niña por su propia madre.
Hablamos de Rosa (o Rosi) Fernández Gonzálvez (Abril 22, 1979) que a sus 11 años, jamás imagino lo que ocurriría. La prensa de aquel entonces confundía el tema con la palabra que nos hace dirigirnos a todo lo malo, satánico, sin embargo el asesinato de Rosi no fue producto de ningún ritual satánico, sino que fue en nombre de “Dios” y Dios entre comillas debido a que la madre y las otras dos mujeres involucradas se sintieron en la obligación de quitar el demonio del cuerpo de la pequeña.
Los dramáticos sucesos que teñirían de sangre la comunidad de Almansa empezaron el 15 de setiembre, cuando Rosa Gonzálvez (madre de Rosi), María de los Ángeles Espinilla y su hermana Mercedes salieron juntas a cenar.
Al día siguiente, aproximadamente a las 3:30 pm, Rosa se comunica con María de los Ángeles para luego trasladarse presurosa a su domicilio en el cual realizaría el exorcismo a María para quitarse el espíritu de su esposo, Martín, que según ella le hacía mucho daño. Además de exorcizar a María, también intentaba hacer lo mismo con sus hijos metiéndole los dedos en la boca ocasionándoles grandes arcadas para supuestamente echar el ente que llevaban consigo.
A eso de las 11:00 pm, Martín intenta llevarse a sus hijas. Sólo logra llevarse a sus hijos, pero regresaría el lunes 17 para intentar llevarse a su mujer, fracasando.
En la mañana del lunes se reúnen en la casa de Rosa ubicada en el 89 de la calle La Rosa, ella, su esposo Jesús Fernández Pina, María de los Ángeles, Mercedes, Josefa y Ana María Gonzálvez, cuñada y hermana respectivamente de Rosa a quienes Jesús había llamada al encontrar a su esposa como loca.
Todo el grupo se traslada a la habitación del matrimonio, desarrollando una serie de ritos con motivo de expulsar a los espíritus. La violencia histérica de la curandera (Rosa) se mezcla con advocaciones religiosas, rituales mágicos, estampas de Santa Lucía entre otros.
Tras una larga sesión, Rosa y María parecen calmarse. María asegura que Rosa le salvó la vida a lo que ella responde: “Yo no soy Rosa. Soy un extraterrestre de otro planeta… “. Tras la sesión Ana, Josefa y Mercedes se retiran de la casa, encerrándose María y Rosa en el dormitorio. Cerca la medianoche, Mercedes regresa a la casa de la curandera, aquí empezaría la recta final del drama.
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